Coaching Personal y Coaching para el Cambio | La perfección (1/2)
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La perfección (1/2)

La perfección (1/2)

Hoy quiero contarte algo con lo que  me encuentro en algunos procesos de coaching y que nos ocurre a muchas personas, en mayor o menor medida, y que seguramente, te vas a sentir identificado y le vas a dedicar algunos minutos a pensarlo.

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¿Te consideras una persona muy perfeccionista?

Hay algunas personas que necesitan de la perfección permanentemente para sentirse bien consigo mismo y con los demás. Son personas que habitualmente, buscan y esperan que a su alrededor siempre haya” personas pluscuamperfectas”.

Estas personas se les suele denominar  “perfeccionistas”,   normalmente necesitan  estar rodeados de personas que sean incluso más perfectas que ellos mismos,  y con ellas poder garantizarse  a sí mismos la perfección que creen necesitar para estar tranquilos.

“Tender a mejorar siempre es bueno y necesario. Mientras que tender a ser perfecto por sistema, es tóxico y no es empático

En las relaciones conyugales los perfeccionistas, uno de los dos o los dos,  se buscan primero a sí mismos, pensando solo y primero en lo perfecto, olvidándose de pensar prioritariamente en lo mejor para el otro  y solo buscando lo perfecto y lo previsto. El que tiende de manera  sistemática a la perfección en todo, solo se siente cómodo  apoyándose en la perfección del otro, y se siente incómodo con los fallos o  las imperfecciones  del otro. Proyecta su tendencia en los demás.

Inevitablemente, pueden surgir errores de bulto ante los distintos avatares diarios, tanto entre la pareja como de los hijos entre sí o con sus padres. Los posibles imprevistos algunas veces  hacen que nuestras conductas parezcan o sean claramente imperfectas. Es precisamente en esos momentos, cuando tenemos que hacer uso de la tolerancia: poniendo las emociones y los sentimientos en sentido positivo al servicio de los pensamientos de la manera más razonable  posible.

La forma comprensiva y tolerante de pensar,  va a orientar nuestras actitudes ante las imperfecciones del otro.

Solo es perfecto lo divino. Lo humano frecuentemente es imperfecto, pero no por ello todo lo imperfecto e imprevisto,  debe ser desechable o despreciable  por ser más incómodo o molesto.

El perfeccionista tiende a rechazar la enfermedad, la vejez, lo usado, lo erróneo y a todas aquellas personas que no ven con sus mismos ojos “su personal orden en la perfección”. Al perfeccionista, no le encaja fácilmente todo lo que no resulte “con su personal valor 10 “.

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